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La línea de la vida

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Entiendo la vida como una serie de sucesos secuenciales, una línea de la que no puedes ni avanzar ni retroceder. Tienes que aceptarla a su ritmo, como es.

Creo que todos tenemos flashes en los que recordamos sucesos puntuales que nos han ocurrido a lo largo de nuestra vida. Flashes que no suelen venir porque queramos, sino que ocurren cuando estamos en una conversación puntual, o de pronto cuando menos los esperamos.

Mi primer recuerdo claro es con tres o cuatro años. Mi madre, tapándome en la parte trasera de un Seat Ritmo con una manta que aún guardo y que utilizo todos los inviernos, camino de casa de mis abuelos. Ella iba a trabajar, a mi luego me llevarían al colegio.

Luego tengo múltiples recuerdos: una de las primeras clases en el colegio en el que luego estuve 15 años, la profesora poniéndome un rabito a una v para convertirla en b, o los cambios de clase y de nuevos compañeros. Más tarde la comunión, Don Jesús y luego Doña Cristina, la guapa y atractiva profesora de 5º y que luego tuve en 1º o 2º de la ESO. Y la comunión, las misas en el colegio, las misas con mis abuelos en la iglesia de San Pablo todos los domingos, o las propinas que dejábamos en el cepillo.

El primer bigote, el primer afeitado; mis primeras fichas de rol en El Señor de los Anillos, muchos partidos de fútbol, terribles anécdotas. La primera vez que entré a una discoteca, el primer cigarro y el primer cubata, mas una excursión de la que siempre me arrepentiré. Muchas borracheras y muchos líos. Caras de gente del colegio, muchos imbéciles, pero otros verdaderos amigos y compañeros.

Los primeros suspensos de mi vida, los primeros cinco suspensos en un solo trimestre, y luego siete y luego casi repetir. Y luego Bachillerato, primero y segundo, y luego suspender todas las asignaturas y aprobar para selectividad. Y la nota, mi cara, la cara de la profesora.

Y la Universidad, el primer año, solo; luego acompañado con los primeros compañeros. Éramos cinco, ahora quedamos 2. Ninguno ha terminado aún.

Y la primera novia, el primer polvo, el segundo polvo. Menuda mierda de polvos.

Y la segunda novia, y más polvos, más besos. Y ahí me planto, nunca he sido de compañía, siempre de amigos.

Y un concierto en la Plaza Mayor en fiestas, y luego un viaje a MIlán, y luego otro viaje a León. Y otro concierto de Amaral, los Conejos Verdes, un shock. Y más besos, y más abrazos, y más broncas. Y otro viaje, otra bronca, nuevos besos y nuevos abrazos.

Ésto es sólo una pincelada de una vida. Ahora, con 22 años, miro al pasado e intento pensar en qué será del futuro. Estoy sobre una línea sobre la que camino silo. Miro atrás y veo recuerdos; miro adelante y no veo nada.

Pero algo hay, claro.

La vida pasa, todo cambia y los pensamientos también. Antes me preocupaba por salir, beber, el rollo de siempre, meterme 1000 rayas, hablar con la gente; ahora por disfrutar y hacer feliz a una persona, a la vez que intento tener dinero para darme unos caprichos y mantener decenas de cosas. Hacerme feliz a mi.

Y en un futuro seguiré igual. Miraré atrás y seguramente recordaré algunos flashes que vendrán en conversaciones puntuales, o de pronto cuando menos lo espere: una carrera terminada, entrevistas, trabajos, una vida, un hospital y una cuna.

En la cuna, sangre de mi sangre que me mira con ojos como platos. Y un primer biberón, una primera sonrisa y unos primeros pasos. Un primer papá y un primer mamá. Una nueva vida.

Pero la mía continuará. Las primeras canas, las primeras grandes (más aún) entradas en el pelo. La primera gran crisis, quizá de pareja, quizá monetaria, lo que sea. Los 40, los 50 y los 60. El último día de trabajo, el primer día de jubilación. O quizá nunca llegue la jubilación. O quizá viva debajo de un puente tapado con un cartón. Algo habrá, algo llegará.

Y el primer nieto. Luego el primer ataque al corazón o la primera vez que no pueda levantarme de la cama. Y más tarde llegarán los últimos recuerdos, los últimos pasos antes de llegar al final de la línea de la vida sobre la que has estado millones de horas caminando.

Y un funeral, unas oraciones y un recuerdo para los demás. Un recuerdo para pocos, un evento insignificante para muchos más. Unas buenas palabras y una tumba o un horno y unas cenizas. Fin.

La vida sólo va en un sentido. No puedes acelerar el paso, ni marchar hacia atrás. Los primeros segundos sobre la línea nadie los recuerda, y muchos momentos se quedarán en el olvido para siempre.

Ahora está bien mirar hacia atrás, recordar y añorar. Pero de nada sirve no empezar a pensar lo que puede esperarnos en un futuro. Lo bueno y lo malo, lo previsible y lo imprevisible. Hasta el final de la línea de la vida.

Written by WhisKiTo

septiembre 9th, 2009 at 3:22 am

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